Lewenhaupt

De todos lados

De acá, de allá, de otros, de ninguno… 58.

Colección Julio Cortázar Como cuando creés conocer cada cosa. Y empezás a jugar tontamente mientras buscás palabras que empiecen con “c” porque se te metió en la cabeza que tenés que escribir una oración entera, con o sin sentido, enteramente con palabras que empiecen con “c” de Cortázar. Y es que ya se cumple otro aniversario de ausencia del enormísimo cronopio… Hay Maga, claro, ese homenaje viviente peludo tricolor que duerme aovillado en una de las sillas, mirala. Hay esos 10 libros de la colección, de colores diferentes. Hay fotocopias de algún añejo reportaje y ensayo que busca escribir a Julio como sólo él. Hay París y Buenos Aires y puentes y paraguas y pianos y terrones de azúcar y glíglico y paquetes de yerba y tablones y clavos y puchos y circo y el gato calculista —Maga no calcula, cierto, pero qué empeño pone para dar esos saltos y prenderse de la red, tan ingenua ella que no sabe que la red le impide cazar las grises palomitas, pobrecita— y el puerto y la silla en la vereda y los piolines y el doppelgänger y palanganas y la caída y el 131 y este 58 y el 131 y este 58 y…

—Hiciste muy bien en venir —dijo Gekrepten, cambiando la yerba—. Aquí en casa estás mucho mejor, cuantimás que allá el ambiente, qué querés. Te tendrías que tomar dos o tres días de descanso.
—Ya lo creo —dijo Oliveira—. Y mucho más que eso, vieja. Las tortas fritas están sublimes.
—Qué suerte que te gustaron. No me comas muchas que te vas a empachar.
—No hay problema —dijo Ovejero, encendiendo un cigarrillo—. Usted ahora me va a dormir una buena siesta, y esta noche ya está en condiciones de mandarse una escalera real y varios póker de ases.
—No te muevas —dijo Talita—. Es increíble cómo no sabés quedarte quieto.
—Mi esposa está tan disgustada —dijo Ferraguto.
—Servite otra torta frita —dijo Gekrepten.
—No le den más que jugo de frutas —mandó Ovejero.
—Corporación nacional de los doctos en ciencias de lo idóneo y sus casas de ciencias —se burló Oliveira.
—En serio, che, no me coma nada hasta mañana —dijo Ovejero.
—Esta que tiene mucho azúcar —dijo Gekrepten.
—Tratá de dormir —dijo Traveler.
—Che Remorino, quedate cerca de la puerta y no dejés que el 18 venga a fastidiarlo —dijo Ovejero—. Se ha agarrado un camote bárbaro y no habla más que de una pistola no sé cuántos.
—Si querés dormir entorno la persiana —dijo Gekrepten—, así no se oye la radio de don Crespo.
—No, dejala —dijo Oliveira—. Están pasando algo de Falú.
—Ya son las cinco —dijo Talita—. ¿No querés dormir un poco?
—Cambiale otra vez la compresa —dijo Traveler—, se ve que eso lo alivia.
—Ya está medio lavado —dijo Gekrepten—. ¿Querés que baje a comprar Noticias Gráficas?
—Bueno —dijo Oliveira—. Y un atado de cigarrillos.
—Le costó dormirse —dijo Traveler— pero ahora va a seguir viaje toda la noche, Ovejero le dio una dosis doble.
—Portate bien, tesoro —dijo Gekrepten—, yo vuelvo en seguida. Esta noche comemos asado de tira, ¿querés?
—Con ensalada mixta —dijo Oliveira.
—Respira mejor —dijo Talita.
—Y te hago un arroz con leche —dijo Gekrepten—. Tenías tan mala cara cuando llegaste.
—Me tocó un tranvía completo —dijo Oliveira—. Vos sabés lo que es la plataforma a las ocho de la mañana y con este calor.
—¿De veras creés que va a seguir durmiendo, Manú?
—En la medida en que me animo a creer algo, sí.
—Entonces subamos a ver al Dire que nos está esperando para echarnos.
—Mi esposa está tan disgustada —dijo Ferraguto.
—¡¿Pero qué significa esa insolencia?! —gritó la Cuca.
—Eran unos tipos macanudos —dijo Ovejero.
—Gente así se ve poca —dijo Remorino.
—No me quiso creer qué necesitaba una Heftpistole —dijo el 18.
—Rajá a tu cuarto o te hago dar un enema —dijo Ovejero.
—Muera el perro —dijo el 18.

¿No es tierno con esa ternura traviesa que nos lleva a sumergirnos una y otra vez en la lectura rayuelesca? Y sí, por eso es que les dejo el libro entero listo para contribuir a su laberíntico deleite, a su berilíncoti ledeite, a su tilíncorabe teliede… amigos míos.

¿Heftpis... qué? » De todos lados

  1. Gancé  »  #  »  12.02.07

    No soy amante de los libros que cuentan historias en 500 páginas. Es por eso que Julio Cortázar estuvo en una época entre mis autores de mesita de luz.

    Estuve hojeando sus obras, y me doy cuenta de que no he leído lo suficiente… Y leyendo este post me volviste a prender las ganas de leer algo de este muchacho.
    Instrucciones para subir una escalera

  2. JEL  »  #  »  13.02.07

    Gancé: Te aviso que edité tu comentario para reparar algunas burradas con la letra “b” en lugar de la “v”, algunas “h” mal puestas o perdidas y pará de contar.
    ¿Estás diciendo que no sos amante de los libros de 500 páginas, o que lo sos? Porque Rayuela anda tranquilamente por las laberínticas e hipertextuales 455… =)
    Hay un preámbulo e instrucciones para dar cuerda al reloj, también. Qué tétrico tenebroso tremendo tiempo… =P

  3. gitargirl  »  #  »  17.02.07

    a mi me gustan más los cuentos que las novelas de Cortázar,
    pero gustos son gustos (mi cuento preferido es El Perseguidor).

    saludos!

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