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¡Estatua de oro para Ariel Arnaldo Ortega ya!
Escuchá a la gente, que corea su nombre. Miralo sentado ahí, en el banco, con esa cara de impaciencia. Qué ganas de entrar a gambetear, ¿eh? Y Daniel Alberto, parece, también escuchó el pedido de la gente y del propio Burrito. Terminó mandándolo a la cancha, aunque sabe que le falta. Pero la emoción de la vuelta después de sus problemas es mayor. Pueden más las ganas que esas pelotas perdidas. Y el partido que se muere en un 0-0, y el equipo que (otra vez) juega mal.
Y ahí va el petiso, con ese amor propio tan suyo, a buscar el último centro de la noche. Miralo, miralo. Corre como loco, salta, brinca, vuela… la redonda llega… la foto, la foto.

¡GOL!, gol, gol. La pelota da en el palo y entra. Al mismo tiempo, el arquero rival y los defensores levantan la mano. Reclaman que la bocha le dio en el brazo. El Burrito mira al línea, al árbitro, ve que convalidan el tanto en el minuto 47 del segundo tiempo…

¡GOL!, gol, gol. Orteguita corre y se abraza con todo el equipo. El partido se muere, se termina.

El partido lo ganó Orteguita, viejo. Locura, festejo. Se jugó como el orto otra vez, pero verlo al jujeño de nuevo en la cancha, te juro, importa más que lo mal que juega el equipo. Verlo al Burrito haciendo una de las suyas, ésa que ya se da en llamar El brazo de Dios, ganando el partido con ese gol agónico en el último minuto del recargo… eso importa más que todo, aunque el gol haya sido con la mano o el brazo o la punta de los dedos. Él volvió a jugar al fútbol, él volvió a darnos esa alegría tan suya y que sólo la presencia de ídolos como él en la cancha puede generar. Secundo el título: Es burro pero muy inteligente. No hay vuelta que darle. =)
Los chantas se quedaron con todos los boletos.
Discúlpeme, Mancini, pero yo no estaría tan seguro de que Julito haya escrito esa aventurera novela llamada Los Premios atrincherado en las mesas de un bar que da al más pleno corazón del centro porteño, vea. O a lo mejor allá por los años 50 y 60, la federalísima zona de Avenida de Mayo y Florida, en los alrededores del Cabildo, no era tan populosa como es hoy día. Ni tan turística.
Cómo será de populosa la zona, viejo, que el 20 de Noviembre del 2004 algunos orgullosos bloggers nos allegamos hasta la Plaza de Mayo para acompañar a toda esa gente colorinche. Pero primero fuimos a devorar un delicioso café con leche y medialunas y manteca y cositas ricas en la confitería London City. Sí, ésa misma, donde usted se la pasó charlando con Piro.
Creo que usted ya sabe lo dado que soy a amar incondicionalmente a Cortázar. Y eso que, hace tres años, era bastante más joven que ahora. A tanto llega mi amor por la prosa del enormísimo cronopio que me hice traer especialmente una versión en francés de Rayuela, tan francesamente titulada Marelle por Editorial Gallimard y que atesoro como lo que es, una rareza por estas tierras tan anglosajonas a veces. Pero no es de Rayuela que quiero hablar acá, no. Todo esto se trata de Los Premios, es sabido.
Estoy seguro de que usted habrá visto en el mostrador del londinense bar esos folletitos degradados a fotocopia barata en papel color. Uno en verde, el otro en celeste; uno en perfecto español, el otro en inglés; uno pensado para los argentos y no tanto que hablan la lengua de Cervantes, el otro con el evidente objetivo de seducir a los extranjeros del otro lado del charco y más allá que hablan la lengua sde Shakespeare. Seducirlos a todos con la figura de nuestro ilustrísimo escritor. Hete acá los escaneos pertinentes de cada uno de los folletitos, por si quiere leerlos en detalle. Al clickear en cada imagen, podrá verla en tamaño original:
¿Los ha visto? ¿Ha leído su contenido con cuidado, amigo mío? ¿Se da cuenta del paradójico detalle que señalan los turísticos folletos? ¿Leyó esos reveladores primer y segundo párrafos en español que pretenden empalagar y desinformar, en cierto modo?
Durante la década del sesenta, un joven escritor, desconocido, intentaba realizar su primera novela. Para algunos críticos, aquella sería la mejor novela creada por aquel joven delgado, introvertido, de mirada melancólica, gran fumador.
Fue en alguna de estas mesas del London City, café mediante, donde se sentaba diariamente a escribir esa novela. Tal vez en la misma mesa que está Ud. en este momento. Estamos hablando de Julio Cortázar (1914-1984) y de aquel escrito que pasaría a la historia como una de las mejores piezas de la literatura argentina: “Los Premios” (1960).
Vamos, vamos, hombre. Qué despropósito. Es más que sabido que Julito se tomó un barco a Francia en 1951 y desde entonces, salvo algún que otro viaje de laburo a Italia o de placer al terruño, vivió en París prácticamente la totalidad de los años 50 y 60. Vea la biografía en Wikipedia, si no me cree. O consulte esos mamotretos llenos de correspondencia entre Julio y sus amigos, si puede. Con todos esos datos a la vista, ¿cómo se explica que durante la década del sesenta estuviera tratando de escribir su primera novela, cuando Los premios fue publicada por primera vez en 1960? ¿Acaso todo el famoso viaje a París y demás fue una gigantesca farsa montada por Cortázar, que en realidad estuvo haciendo el anónimo en las mesas del café con estampa londinense durante casi nueve años y además escribió Rayuela viendo en su imaginación todas y cada una de las calles de París? ¡Por favor!
Ahí, en las últimas dos páginas del libro sobre los premiados, hay una nota del autor, que empieza exactamente así:
Esta novela fue comenzada con la esperanza de alzar una especie de biombo que me aislara lo más posible de la afabilidad que aquejaba a los pasajeros de tercera clase del Claude Bernard (ida) y del Conte Grande (vuelta). Como probablemente el lector la escogerá con intenciones análogas, puesto que los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo, me parece justo señalarle tan fraternal coincidencia en el arte de la fuga.
El arte del robo es lo que parecen practicar los responsables de la confitería London City, creo yo. ¿No cree usted, Mancini, que lucran con la imagen y leyenda de Julito en beneficio propio? Les hacen creer a los millones de moscas que el gran Cortázar estuvo sentado día a día en las mesas de su barsucho, como si el hombre no tuviera nada más que hacer y se pasara los días dándole al cuadernito para escribir una novela que sí, se inicia en esa confitería, pero que, me atrevería a decir, no fue escrita ni en su inicio ni en su totalidad ahí.
Qué desilusión para usted, Mancini; qué desilusión para Piro, también; qué trágica desilusión para mí, que tanto me ilusioné la primera vez que vi ese retrato gigante colgado en la pared, justo en el preludio de una orgullosa marcha de la que, estoy seguro, Julito hubiera participado encantado nomás para compartir y sacar de la galera de su prosa inigualable algún personaje entrañable como los premiados por la lotería con un crucero en el Malcolm.
«Ahora todos los blogs se parecen», dijo el Sr. F.
No son necesariamente personas con un equilibrio mental brillante, de ésas que saben qué, cómo y cuándo lo quieren. Ni siquiera son superhéroes. Tampoco asesinos que centran la mira telescópica de su rifle en la cabeza o el pecho de su víctima. No señor.
Son un puñado de bloggers de habla hispana que conozco. Gente normal, vamos, con los mismos gataflorismos de cualquier hijo de vecino. Pero que eligieron, eso sí, un diseño más o menos centrado, de una sola columna, para su weblog. Diseño como ésos que están empezando a marcar t®endencia en este 2007.
Una curiosidad, realmente. Sé que varios usan el diseño centrado desde hace un par de años; otros, se incorporaron el año pasado. Y el resto recién se convirtieron a la centraditis a lo largo de estos últimos días. =P
11 gallinas sin huevos contra 10 defensores y un arquero.
Jugadores de River, vayanse a la puta que los parió. No pueden perder así con otro equipito de cuarta que viene a ver qué pasa. Gol tempranero de Caracas, con mérito, sí. Pero los 90 minutos restantes (contando los 4 adicionados), teniendo toda la cancha a su disposición, no supieron qué mierda hacer. Y eso que el campo de juego es bien grande. ¿Qué hicieron, en lugar de jugar al fútbol? En cada pelota dividida, se quedaron parados cuando tenían que ir a buscarla. En lugar de patear al arco, de darle como viniera, se pusieron a hacer sombreritos y piques a la nada. Los tres palos de ese arco también pueden irse a la mierda, porque en las únicas claras que tuvieron (cabezazo de Farías, que de paso no puede solo contra el otro equipo entero; cabezazo de Ruben, al ángulo), las dos veces negaron el maldito gol.
Al final se terminaron quejando de que el otro equipo hiciera lo que mejor saben hacer los de su índole: tiempo. Pero eso no quita que ustedes, los jugadores, se olvidaron de todo lo que aprendieron en la pretemporada: garra, huevo, corazón y mojar bien mojada la camiseta, la puta que los parió.
Sí, estoy caliente y frustrado. Y sí, es apenas el segundo partido de la etapa clasificatoria.¿Y? Jugaron MAL, salieron a destiempo todo el partido y se van a cagar, directamente.
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