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Nosotros sabemos que en un país como el nuestro, estas cosas no existen, no señor.
Yo estoy completamente de acuerdo. En la Argentina no existe inflación, como sostiene el jefe de Gabinete Alberto Fernández. Brainstorming mediante, me atrevería a afirmar tajantemente que:
Vamos, desalmados, ayúdenme a tirarle más ideas a este señor, que de tan ciegamente convencido, casi me inspira a regalarle un perro lazarillo.
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Altibajos en lo profundo de la noche.
No puedo dormir. O duermo, pero salteándome algunas noches. Apoyo la cabeza en la almohada y es entonces cuando empieza el calvario de dar vueltas, forzar los ojos para que se cierren, tratar de que la mente quede en blanco y me capture Oniria, observar fijamente los LED luminosos y stand by de la videograbadora, mirar el techo y jugar con las luces de los autos que pasan allá abajo…
Todo en vano.
Y al otro día, claro, ando por la vida, por la calle, por el trabajo… como un sonámbulo. Torpe. Descoordinado. Tambaleante. Olvidadizo. Incoherente a veces. Y a la tarde, o a la caída del sol, cuando la noche empieza, busco nuevamente la almohada y ¡oh, magia!, me desplomo como un árbol y duermo profundamente catorce o más horas seguidas. Hasta que el sol anuncia un nuevo día.
Ahí, la cinta se rebobina y el ciclo recomienza. Tal vez idéntico. Tal vez con variantes, como ahora. Amagué acostarme, y teminé navegando a altas horas de la noche, sin rumbo, sin brújula que marque el camino, aburrido, solitario, hastiado, cansado de la nada y sin ganas de nada.
Un té. Unos mates. Algún sandwich robado a la heladera y el tostador.
Mientras tanto, ella, Patty, duerme. Descansa en la habitación donde construímos nuestra intimidad. Y ellos, Maga y Chaplin, como durante la mayor parte del día y la noche, acompañan su actividad.
De alguna forma, Insomnia me vuelve guardián. Velo su sueño y su tranquilidad.
Y a la vez, siento la impotencia de no poder, de no ser capaz de superar esto que me mantiene despierto por las noches, sin sueño, sin cansancio, o cansado pero sin sueño… sin razón aparente. Un ciclo de sueño y vigilia completamente desbalanceado que no consigo dominar. Por más que lo intento…
Ya pasará. Espero.
“T” de Tranquilidad; “C” de Calma; “P” de Paz.
Puertas que se cierran. Persianas que bajan. Ventanas que se traban. Cables que se cortan. Objetos que se embalan. Pilas que son quitadas. Sillas que se pliegan. Futones que se desarman. Placares que se vacían. Bañeras que se desaguan. Cortinas que se rasgan. Banquetas que se guardan. Libros que se empacan. Cuadros que se descuelgan. Teléfonos que se desconectan. Interruptores que se sacan…
Hoy, para mí, como para ella, todo son interrogantes, dudas, finales y mínimas esperanzas. Cincuenta días nos separan del final de este camino de paredes verde manzana y rosadas.
¿A dónde nos llevará esta circunstancia? ¿Podremos superarla? ¿Volveremos a encontrar esa calma?
No lo sé, pero sí sé, y lo digo sabiendo que ella lo va a leer, y poniéndolos a todos ustedes de testigos de mis palabras, que pase lo que pase, terminemos donde terminemos, en una azotea bella o en un pozo infecto… vamos a estar juntos, en las buenas y en las malas.
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